La baldosa hidráulica es una pieza decorativa de cemento pigmentado y prensado que se usa tanto para interior como para exterior.
Antiguamente se fabricaban, pieza a pieza, en moldes metálicos para la aplicación del color y luego se pasaban por una prensa hidráulica, sin necesidad de cocción.
Su formato habitual era cuadrado, normalmente de 20x20 cm, aunque podían oscilar entre los 10 cm y los 40 cm.
Con la rehabilitación de edificios antiguos, los suelos hidráulicos vuelven a estar de moda
nuevamente. Y es que se trata de suelos con gran personalidad, que, además de color, dan un toque vintage a las estancias.
No todo el mundo tiene la suerte tener mosaicos originales o, si se tienen, pueden estar en muy mal estado. Sin embargo, hoy en día todavía existen empresas que se dedican a producir y reparar baldosas hidráulicas. También se comercializa en la actualidad el “popurrí”, en el que se mezclan distintos motivos en un mismo m2 de suelo, logrando un efecto parecido que con el hidráulico.
De todas formas, ahora tenemos otras alternativas. En el mercado existen materiales, como los porcelánicos o las cerámicas, que imitan los acabados de los mosaicos, aunque cierto es que la terminación superficial cementosa de estos los hace únicos.
El mosaico hidráulico no es un material barato, por su forma de fabricación, pero no deja
indiferente a nadie y, además, podemos encontrar numerosos productos, como barnices, para proteger su superficie de las manchas y prolongar su vida.
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