Los recibidores se han convertido en estancias independientes en las que se combina la
armonía estética con la funcionalidad de los elementos que los integran. A pesar de no
disponer siempre de unas grandes dimensiones han dejado de ser estancias de paso gracias a una gran variedad de propuestas, tanto a nivel de mobiliario o iluminación, como de objetos decorativos.
Un espacio que, en sus múltiples versiones, resulta imprescindible en las residencias actuales
El recibidor ha dejado de ser una estancia de paso con un mobiliario uniforme y descuidado para convertirse en un espacio de gran importancia dentro de la vivienda.
Antes era un lugar de atención a las necesidades básicas como dejar las llaves, la
correspondencia y colgar el abrigo, subordinado a las estancias principales; ahora se
concibe como un espacio independiente en el que se combina la estética con la funcionalidad.
Es la carta de presentación de la vivienda, dado que es la primera habitación que se aprecia al entrar.
Por ello, resulta imprescindible que los elementos que lo componen estén bien pensados y organizados para sacarle el máximo partido. Hay que evitar que se convierta en un cúmulo de abrigos y objetos de uso y sus líneas deben ir en consonancia con el estilo general para no desentonar con la estética del resto de la casa.
En las viviendas con suficientes metros cuadrados, el vestíbulo cuenta con una entidad
propia, de manera que se presenta como la antesala y un anticipo del resto de habitaciones que le siguen.
Existe la opción de considerar que no cumple más función que la de distribuir los recorridos por la vivienda desde su acceso, en este caso estará casi desnudo y los complementos de decoración y la decoración será mínima.
Los recibidores permiten mantener la privacidad de la vivienda y a la vez son su carta de
presentación.
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