Entre espejo y luminaria y, posiblemente, mucho mas que eso, Rigel, que casi alcanza los dos metros, emite frontalmente luz cromática y posee en el extremo una fuente de luz halógena indirecta.
Lo sorprendente es que detecta la presencia de personas y se enciende automáticamente la luz cromática.
Cuando está apagada, la Rigel de Artemide se convierte en un espejo. En su parte trasera se han dispuesto dos filtros electrostáticos que depuran el aire.
Es posible que la interacción entre el hombre y el objeto pueda ser mayor, pero aún no hemos llegado tan lejos.
Tiene un diseño muy bonito, es una preciosidad donde lo pongas y seguro que no pasa desapercibido.
Un diseño de Carlotta de Bevilacqua.
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