No cabe duda. Ha llegado el tiempo de las alfombras.
Las cálidas y mullidas alfombras que se colocan sobre el suelo para dar calor, decorar y dotar de personalidad al espacio.
En cuanto el frío se hace dueño del lugar, las alfombras se convierten en las piezas indispensables de todo salón.
Las alfombras de diseño nos encantan porque además dicen mucho de nosotros.
De nuestro estilo, nuestro gusto, de nuestra manera de entender la decoración.
Porque las hay de miles de formas y colores, estampadas o lisas.
La magia del color:
Parece mentira cómo el color de la alfombra puede transformar una estancia.
Los tonos cálidos transmiten confort y energía, mientras que los llamados “fríos”, como el azul, el verde o el lila, consiguen que los ambientes resulten más relajantes.
Los colores claros y neutros proporcionan amplitud al espacio, pero se ensucian más.
Ni redondas ni cuadradas, las alfombras de decoración geométricas pueden ser una estupenda opción para tu salón.
Las alfombras pasilleras decoran esta parte de la casa, que solemos tener muy abandonada.
Las alfombras sobre nuestro suelo, convierte cualquier rincón mucho mas cálido y acogedor.
También el color y la forma de la alfombra son importantes. Aquellas más coloristas, sin duda, aportan vitalidad al espacio, pero hay que tener presente cómo combinarlas con los tonos de las paredes o del suelo principalmente con el fin de integrar todos los elementos.
El lugar más común para poner una alfombra en el salón es bajo la mesa de centro, frente al sofá.
Ha de ser lo suficientemente larga como para cubrir toda la superficie de la mesa y también todo el largo del sofá.
Hoy son muy pocos los hogares donde no existe una o varias alfombras, cubriendo y adornando el suelo del comedor, dormitorios y zonas de paso.